jueves, 17 de abril de 2014

Edad Media prenazarita en el entorno de Dalías (Almería)

La llegada de los inmigrantes islámicos a las Alpujarras coincide con una población tardorromana dispersa y desvertebrada. Las luchas internas dentro del Estado visigodo, que las fuentes narran casi con carácter mítico, facilitaron la entrada de tropas y pobladores de origen árabe y norteafricano que fueron conformando el emirato de Córdoba y que se enseñorean de la mayor parte de lo que sería el Reino visigodo de Toledo. Cressier (Arquitectura de Al Andalus, VV.AA, 2002) indica que Almería debió estar ocupada en 713 tras firmarse el pacto de Tudmir que se refiere tanto al área murciana como a la alicantina y albaceteña, y cuyo núcleo más importante en la zona almeriense sería la tardorromana Urci (Pechina), sede de un obispado. En cuanto a Dalías, los últimos pobladores tardorromanos debieron situarse en el entorno de los actuales núcleos de población: Celín, Aljízar, Dalías y Almohara. Aunque las evidencias arqueológicas no son del todo evidentes, se conoce la existencia de una villa u ocupación tardía en Almohara y restos de vajilla a torno lento en el entorno de Aljízar que podrían indicar la ocupación de este espacio. Acién Almansa señala que los yundíes (cuerpos de ejército islámicos) se establecerían en los bienes indígenas. Posiblemente este sería el origen de las alquerías altomedievales de Dalías.

Hacia el 740-743 tropas sirias, derrotadas en el Maghreb, pasan a Al Andalus, asentándose en distintos lugares de la actual Andalucía según su procedencia. En el entorno de Almería-Granada se ubicaría el yund de Damasco a los que se conceden 2/3 partes de las tierras hispanovisigodas. Con la llegada de Abd al-Rahman en 756, apoyado por los yundíes sirios, se estructura el territorio en kura, como administración continuadora de los condados y diócesis visigodos. Estas provincias se dividen a su vez en distritos o aqalim, con centro en un castillo o hisn en torno a distintas alquerías o aldeas que funcionan como entidades agrarias. En las Alpujarras se asientan los Banu Hassan en Berja, los Banu Umar en Alcolea, los Banu Siray en la zona costera, los Banu Tarik en Bentarique o los Banu Udra en Dalías, todos ellos aparentemente de origen yemenita. Rodríguez López y Cara (Aproximación al conocimiento de la historia agrícola de la Alpujarra oriental, 1989) indican que solían elegir lugares con capacidad defensiva que dominaran el entorno agrícola, recolonizando áreas o espacios abandonados. Al-Udri, nacido en Dalías y cuyos ascendientes son los primeros pobladores de la Dalías islámica, señala que estos eran de origen yemení y que hacia el 775 se asentarían en la vega de Dalías “junto al Sibariya Diyu y al-Malar de los cristianos”, lo que permite sospechar que los udríes se ubicaron junto a los vici o poblados tardorromanos, si no sobre estos mismos. El mismo geógrafo daliense detalla la intervención de dos de sus antepasados ante los conflictos internos en el joven emirato cordobés. Los sucesos tendrían lugar en el 788, tras la muerte de Abd al-Rahman I y las luchas entre sus hijos Sulayman, apoyado por el partido sirio y su padre, y Hisan, del partido andalusí. Tras la designación de Hisan I como emir se rebelan algunos grupos como los Banu Udra en las Alpujarras, haciéndose fuertes en el castillo de Escariantes-Askarayatis (Ugíjar), Juliana (Murtas) y en el Cerro de los Moros de Adra, y enfrentándose a los gassanies Banu Hassan, asentados en la actual Berja en 790. Al Udri narra la historia de los dos udríes, Zugayba y Yasin y de cómo su rebelión fue sofocada con la ayuda de los hassanies de Berja. Cressier (2002) señala que el emirato se basará en un malikismo uniformador, un ejército de eslavos y una administración controlada por la aristocracia árabe. No será hasta Abd al-Rahman II cuando el emirato se abre a la población no árabe y se establezcan nuevas tasas a la población autóctona.


La situación es que desde fines del siglo VIII el territorio de Dalías debió poblarse con una serie de alquerías que prevalecen durante toda la Edad Media islámica. Administrativamente se forman los yuz´s centralizados en torno a un castillo o hisn. Cressier (El Castillo y la división territorial en la Alpujarra medieval: del hisn a la taha, 1984) define a estos yuz´s como grupos de alquerías alrededor de un hisn que ocupan una zona homogénea (por ejemplo, el entorno de las actuales Dalías o Berja) con una vocación pastoril. En Dalías, se irían formando siete aldeas o alquerías (Celín, Aljízar, Ambroz, Almacete, Almohara, Odba y Almargen) que deben ser las responsables de la construcción del castillo o hisn de Aljízar. El castillo sería la entidad de integración de estas poblaciones tanto en su factor defensivo como político conformando la Dilaya islámica como un conjunto de alquerías que posiblemente tendrían un linaje común (Cara Barrionuevo menciona que las alquerías de Celín, Ambros y Odba podrían hacer alusión a 3 udríes: Salim, Amrus y Qutba o Utba). Estas poblaciones se construyen con un urbanismo de tipo radial de forma que al centro se acceda por una sola vía y que las traseras de las casas sirvan como muralla ocasional. Esta vocación defensiva del urbanismo de las alquerías alpujarreñas se incrementa por su situación en altura y por las relaciones familiares que podrían existir entre los miembros de una misma alquería. Este tipo de urbanismo se observa aún hoy en el cerrillo de Celín o en Benejí (Berja). El impulso constructivo de estos hisn vendría justificado por las luchas con otros señores musulmanes o cristianos o por los piratas turcos o incluso vikingos. Otros núcleos poblados cercanos, como la actual Berja, presentan un modelo similar con alquerías como Benejí, Alcaudique, Capileira, Julbina o Pago que se irán concentrando en torno a un centro defensivo. En el caso de los actuales municipios costeros de El Ejido y Adra, la situación es bien diferente. La Abdera romana desplaza la ocupación del territorio a la Alquería, a unos 4,2 kms al interior y a orillas del río Adra. En El Ejido-Murgis el territorio se desocupa en su totalidad, creándose un amplio espacio adehesado al sur de la vega de Dalías. Tan solo conocemos como aldea pesquera en el territorio del Campo de Dalías la Ribera de la Algaida, al sudeste, reocupada en el siglo IX y mencionada por Al Idrisi como al-Bayyanis y por Al Udri como al-Binyans. La ocupación de los espacios interiores en detrimento de la costa bien se pudiera justificar por la inestabilidad que ofrecía la presencia de piratas o posibles saqueadores, como es el caso de los vikingos, que saquean la Sevilla emiral en 844. 


En relación al castillo o hisn de Dilaya, pudo tener un origen entre los siglos IX y X. Acién Almansa indica que durante la Alta Edad Media almeriense existirían dos tipos de fortificaciones: los ma´a qil o husun refugios (como sería el caso del hisn de Dilaya) vinculado a la población indígena independiente y los ummahat al-husun, dominados por herederos de la aristocracia visigoda. En cualquiera de los dos casos, y si seguimos la opinión de Acién, ambas edificaciones castrales se identificarían con la población tardorromana. Como hemos señalado, la Dilaya o Dalías islámica estuvo ocupada por udríes que convivieron probablemente con tardorromanos. Independientemente del origen y de la filiación étnica de los pobladores y constructores de las alquerías y del hisn de Dilaya-Dalías, los husun son una creación de la época, plenamente altomedievales. Su razón de ser solo se justifica con una población que se basa en un régimen clientelar y clánico, en el que las relaciones solidarias entre las distintas alquerías ayudan a la supervivencia del conjunto. En tanto el Estado cordobés se va imponiendo el hisn y los yuz´s comienzan a depender de él y las relaciones clientelares y feudales se vincularán a la misma Córdoba. Cressier (Agua, fortificaciones y poblamiento: el aporte de la arqueología a los estudios del sureste peninsular, Cressier, 1991) indica que estos husun se interpretan como la expresión de las necesidades defensivas de los yuz´s locales, con un carácter funcional, más allá de significar sucesivas líneas fronterizas o una red de control militar. La mayoría se colocan sobre plataformas rocosas y se construyen de forma muy simple, con muros de tabiya y mampostería que se adosan a un baluarte. Por lo general, no estarían habitados por ninguna guarnición, siendo solamente ocupados en casos de extrema necesidad o conflictos bélicos. En varios casos, controlan los puntos de captación de agua y suelen contar con un aljibe. En el caso del hisn de Dalías, se reúnen estas características. 

El siglo IX, aún en el período emiral, alberga una gran fitna o división interna dentro del emirato de Al-Andalus. Liderados por Umar Ibn Hafsun y apoyados por mozárabes  y muladíes se adueñan de gran parte de las zonas montañosas de Málaga, Granada o Cádiz, colocando su capital o centro de operaciones en Bobastro. Cara Barrionuevo, en su estudio tipológico y cronológico sobre los castillos de Almería, indica que el gobernador de Granada (Kora a la que pertenecía Dilaya), Sawwar, fortificaría sitios como respuesta a esta rebelión, como Vélez Rubio, Tíjola, Fiñana, Velefique o Villavieja de Berja. Insiste Cara en que los lugareños se refugian en lugares amurallados pactando con el clan omeya. En este contexto de fitna, Cressier señala que las fortificaciones más complejas arquitectónicamente pudieran ser los ummahat al-husun donde residirían señores hispanogodos o árabes. Estas edificaciones castrales, que podrían ser la evolución de algunos husun se podrían identificar con los focos de resistencia al Estado Omeya. Sea como fuere, no existen datos seguros que nos permitan sospechar del apoyo de los dalienses a la fitna. Tapia (Historia de la Baja Alpujarra, 1965) asegura que la rebelión de Ibn Hafsun contó con apoyo alpujarreño. Junto al hisn de Dilaya, podemos mencionar otros que parecen datar de esta primera fase altomedieval del emirato cordobés: Guadix, Escariantes, Líjar, Marchena, Tíjola, Velefique, Vélez Blanco, Vélez Rubio, Juliana, Paterna, Pechina… El caso es que la influencia de Umar Ibn Hafsun se extiende por Andalucía oriental. Cressier (2002) indica que los focos cercanos a Almería tardaron en caer, como es el caso de Juviles y otras fortalezas desde el 913 al 923. En el primer cuarto del siglo X suceden varios hechos de importancia que permiten identificar la Alpujarra con el Estado cordobés. Por un lado, se da por finalizada la fitna, con la toma de Bobastro y la derrota definitiva de los mozárabes y muladíes en el 928. Por otra parte, el núcleo cuasi-independiente de Pechina-Urci, germen de la actual Almería, que se encontraba al margen de cualquier iniciativa oficial restablece en el 912 su obediencia a la autoridad omeya, despoblándose a favor de su puerto (Almería), donde se instalará la futura flota califal y con ella un gobernador militar.   

Con la implantación del califato en 929 se acrecienta la presencia estatal en los territorios alpujarrenses que son controlados más intensamente por la administración central cordobesa. Cara (1998) señala que esta relación con el estado cordobés se observa en la existencia de cerámica verde y manganeso en los distintos yacimientos. Abd al-Rahman III coloca al futuro califa Al-Hakan II al frente de Ilbira y Bayyana en el 942. Este mismo califa nombró gobernadores de los distritos de Berja, Dalías, Juviles y sus alfoces, mencionándose una recepción real en 974 a la que acude el gobernador de Dalías. Aunque no se puede asegurar, suponemos que sería el mismo hisn el que funcionaría como sede del poder de los yuz´s de Dilaya, además de continuar su uso como hisn-refugio. Cressier (2002) mantiene que durante el califato se generaliza un modo de colonización del espacio rural, asociado a las alquerías y al hisn. Con el califato la estructura administrativa se mantiene básicamente en las Alpujarras. Cressier (1984) señala que la Kora de Ilbira, que comprendía en buena parte las actuales provincias de Granada y Almería, se dividía en ayza (plural de yuz´s) y aqalim (plural de iqlim). Señala que la Alpujarra seguía diviéndose en ayza, como en el período emiral, con una vocación pastoril frente a las zonas agrícolas que se vinculan a los aqalim. Las divisiones administrativas de la Alpujarra serían para Cressier las siguientes: Orgiva, Bargis, Juviles, Ferreira, Poqueira, Cástaras, Bérchules, Juliana, Golco, Escariantes, Félix, Qurtus, Berja, Dalías, Andarax, Canjáyar, Wadi Bani Umayya y Marchena. En líneas generales, el sistema no cambia en toda la Edad Media islámica. Se establecen las comunidades castrales cuya unidad administrativa es el yuz´s y el iqlim, con el hisn como cabecera de distrito a la que se asocia una red de alquerías, en ocasiones fortificadas. En este momento podrían ser levantadas algunas de las fortalezas alpujarreñas. Aunque el hisn de Aljízar podría haber sido construido durante el período emiral, quizás durante la fitna de mediados del siglo IX, otras edificaciones castrales cercanas pudieran tener un origen califal: Castillo de Mecina-Alfahar, Gádor, Purchena, Tabernas e incluso la torre y albácar del Cerroncillo, cuyos escasos restos se emplazan a la entrada de la vega de Dalías. Cara indica que las fortalezas califales mantienen una política constructiva común con un papel principal de defensa de la costa. Este último hecho parece estar relacionado con la fundación de Almería que se convirtió en una ciudad militarizada con la flota militar en el último tercio del siglo X. Almería se convertiría en una medina comercial y militar orientada a su razón de ser: el mar.

En el caso de los yuz´s de Dilaya, no existen datos alusivos a las alquerías ni si las mencionadas supra estaban habitadas ya en época califal. Rodríguez López y Cara (1989) señalan que el espacio irrigado que aún se observa en la vega de Dalías se conforma desde mediados del X, con una nueva gestión del espacio al aterrazarse y abancalarse el monte. Otro factor fundamental que podría tener su origen durante el tránsito entre la Alta y Plena Edad Media, podría ser la irrigación de los campos dalienses. Junto a los bancales se construirían acequias que tomaban el agua del Nacimiento de Celín. Las alquerías se distribuyen en torno a estas conducciones, de lo que parece deducirse un planeamiento previo: alquerías + abancalamiento + acequias. El agua de Dalías cuenta con el Nacimiento, usado desde época romana. No obstante, y a pesar del alto volumen de agua que se puede obtener, el agua es un recurso muy crítico en el sudeste peninsular debido al carácter torrencial del espacio que tratamos.  Este hecho hace necesario un máximo aprovechamiento de las corrientes, de ahí que el paisaje se articule en gran parte por estos parcelarios y redes de irrigación. Por ejemplo, ya en época moderna, las calles del agua formaron calles en Dalías, como la Acequia del Pueblo.   

  



Con el colapso del califato tras los cambios surgidos con Almanzor, a partir de 1009, se van formando distintos reino en Al Andalus que vendrían a coincidir con las distintas kura, independientes al principio y gobernadas por árabes, norteafricanos o eslavos eunucos procedentes de la corte califal. Poco a poco, las pequeñas taifas fueron anexionadas a las mayores formándose grandes unidades territoriales entre los que destacaban el reino abbadí de Sevilla o el zirí de Granadina. En el caso de Almería, eslavos de la guardia califal se adueñan del territorio hasta 1038 con Jayrán como primer rey, antiguo gobernador de la zona nombrado por al-Mansur, y sucedido por Zuhayr. La taifa almeriense, cuya capital se había desplazado definitivamente hasta la zona portuaria de Bayyana-Pechina-Urci, conocerá su momento de mayor apogeo al desarrollarse el comercio, la arquitectura, la hidráulica, la agricultura o la artesanía y convirtiéndose en uno de los puertos principales del occidente Mediterráneo. Una de las principales medidas adoptadas por estos reyes taifas fue fortificar los reinos. En el caso que nos ocupa, Jayrán, que reina hasta el 1028, edifica buena parte del actual alcázar. La fortificación del territorio se debería a los litigios con las taifas vecinas (Jayrán ocupa Tudmir, por ejemplo) o como señala Cara (1998) a la presencia de aventureros feudales tipo Cid. Según Cara estos castillos y los ya existentes formarían parte de un modelo genérico de castro simple que controla unidades administrativas o territorios elementales (lo que llevaban haciendo hasta ahora, básicamente). Aunque existe el acuerdo de fechar el hisn de Dilaya en fecha pretaifa (siglos VIII al X), hay que reconocer que su estilo arquitectónico se ajusta más o menos al modelo de castillo que Cara describe para el período de las primeras taifas: planta rectangular o regular, simétrica, con torres huecas a mitad de lienzos con poco saliente, torres cuadradas a los ángulos, equidistantes y de tapial. Entre los ejemplos principales de obras del reino figuran, aparte de las murallas de Jayrán en la capital, Mondújar, Canjáyar, el Castellón de Gérgal, Abrucena, Huebro o Níjar. La taifa almeriense declinará en torno a 1091, tras un período dominado por los eslavos, amiríes y, finalmente, tuchibíes (Abu l-Ahwas, al-Mu´tasim). En relación a los yuz´s de Dilaya, se puede pensar que, como el resto, mantendrían su división administrativa y organizativa, centralizando esto en el hisn, que dependería ahora de su nueva capital. No será hasta la llegada de los imperios norteafricanos cuando el sistema administrativo de los antiguos yuz´s se vuelve algo más complejo. Cressier (1984) señala que Ibn al-Jatib observaba la división durante el siglo XIV en aqalim de Granada. En tanto se conoce que durante este mismo siglo, las Alpujarras se dividen en una organización administrativa – la taha – podemos pensar que los aqalim que menciona Jatib podrían tener un origen anterior, quizás de época almorávide-almohade. En el caso que nos ocupa, tendríamos el iqlim de Busarra, dominados por los Banu Hassan, que comprendían los yuz´s de Berja, Adra, Alcolea, Juviles o Dalías. Durante el período almorávid, Cara (1998) indica que no se conocen sistemas defensivos, pudiendo estar enmascarados en las obras posteriores almohades. El caso es que el tránsito de este primer imperio norteafricano por Almería abarca apenas medio siglo destacando la presencia de la flota almorávid en el puerto almeriense, hecho este que permitió mantener la preeminencia de las taifas y su comercio, a pesar de incursiones saqueadoras como la protagonizada por Alfonso I El Batallador en 1125 por gran parte de la actual Andalucía y en particular Almería. De singular importancia sería el año 1123 en Dilaya por algún hecho o coyuntura desconocido. Comentamos esto por la existencia de tres epígrafes funerarios que datan de la misma fecha:

- Tapia Garrido (Historia de la Baja Alpujarra, 1964) señala la presencia de una inscripción funeraria en el cementerio de Dalías que alude a la muerte en 1123 del mustí Ibn al-Hagg, el hijo del Marino.
- Cara Barrionuevo (La Alpujarra de los Banu Hassan, 2008) menciona la inscripción en mármol del epitafio del faquí Ibn al Bayyani (el de Pechina), muerto en la misma fecha. Esta inscripción, indica Cara, sería encontrada en Dalías en el siglo XIX.
- Revilla Vielva, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1924), señala la existencia en los fondos del Museo Arqueológico Nacional de un epitafio vaciado en yeso con 15 líneas de caracteres cúficos en relieve, cuyo original fue enajenado al extranjero. Pertenecía al faquí Abuquequer Mohamed ben Adalá ben Yahya, domiciliado en Fez y conocido como el Bojarí, correspondiente al 517 de la Héjira (1123). Este epígrafe, sería encontrado en Dalías. 




El declive del imperio almorávide coincide con la eclosión de los almohades en el Norte de África y con la conquista de la capital almeriense por los ejércitos de Alfonso VII de Castilla, Balaguer IV de Barcelona, genóveses, pisanos e incluso el papa Eugenio III y cuyo resultado fue el deterioro paulatino de toda la organización anterior. No será hasta 1157 cuando los almohades toman Almería y las Alpujarras, ejerciendo un control de todo el territorio almeriense. En la obra del geógrafo y miembro de la administración almohade Ibn Sa´id se recogen los distintos reinos-mamlakat en los que se dividió Al Andalus: Malakat de Qurtuba, Ixbilia, Malaga, Yayyan, Garnata y Almariyya. En el caso de las sierras almerienses, Cara (1998) mantiene que se produjo una reactivación de las fortalezas. Así, se conoce de la presencia de almohades en Berja, interveniendo en la fortificación de Villavieja, en el Castellón de Gérgal, el castillo de Olías en Oria, posiblemente Zújar, Benzalema, Santa Fe de Mondújar o en la sierra de los Filabres. Estas últimas enlazan con lo que podría considerarse el comienzo y erección de capillas, eremitorios o rábitas, en tanto fueron levantadas por iniciativa piadosa. Este fenómeno, que podríamos relacionar con la reforma religiosa planteada por los almohades en la que –refiere Cressier (2002) – “su propia concepción del Islam ha creado un precedente para que las opciones verdaderamente políticas puedan expresarse a través de corrientes heterodoxas, sufíes principalmente”. En este período almohade, como señala Cara (1998) se potencian las guarniciones con voluntarios muyahidines de la guerra santa, en lo que será un fenómeno muy repetido en toda la Alpujarra desde este momento y durante el reino nazarita.


Durante el período almohade, culmen de la Plena Edad Media andaluza, ya debió estar conformado un paisaje poblacional completo en el entorno de Dalías. Las alquerías se dispondrían en torno a la vega y junto a ella podrían disponerse las distintas acequias que eran aprovechadas tanto para la irrigación de los campos como para los distintos molinos que seguramente jalonaban ya las ramblas. Se conoce de la existencia de dos mezquitas mayores en la misma Celín y en Ambroz, localizada la primera bajo la misma iglesia parroquial de Celín y la segunda en la plaza que se abre junto a la iglesia del Cristo de la Luz de Dalías. Ya debieron estar en uso durante el período almohade, como la protorrábita de Dalías conocida como la Garita. Aunque durante el reinado nazarita se construiría la que actualmente puede verse, ésta se construye sobre los restos de una edificación prenazarita. Prueba de ello son restos murarios bajo la actual que guardan una orientación distinta. Otra evidencia se extrae de la obra de Ibn al-Abbas, del siglo XII, en la que manifiesta que el que fuera qadí de Sevilla y Granada Abd al-Mumin, sería enterrado ahí durante la segunda mitad del siglo XII, en pleno período almohade. Otra edificación que podría delatar el pasado almohade de los yuz´s de Dilaya serían los baños de la Reina de Celín que, aunque fechados en el siglo XIII, se construyen sobre otro edificio anterior, según se desprende de la excavación realizada por por García López en 1987.





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